15 ene. 2015

Creación y sostenimiento de las bibliotecas escolares: algunas reflexiones sobre los orígenes y desafíos de las políticas públicas en Hispanoamérica


El concepto de biblioteca escolar, esto es, un centro de recursos bibliográficos gestionado por un especialista, que ocupa un espacio propio dentro del edificio de la escuela y cuyo objetivo es nutrir al alumno en su proceso de aprendizaje, surgió a la par del concepto de “escuela moderna” a fines del siglo XIX y principios del XX.
En contraste con la pedagogía tradicional, que acentuaba la memorización de lecciones, pedagogos como el belga Ovidio Decroly, el francés Cèlestin Freinet o los estadounidenses William H. Kilpatrick y John Dewey, entre varios otros, concibieron a la escuela moderna como la institución responsable de desarrollar en los jóvenes habilidades para la solución de problemas y el pensamiento crítico (Bonilla, 2008). Esta manera de entender la educación le dio un papel activo al alumno. Lo hizo sujeto de su aprendizaje. Estas ideas favorecieron la democratización del conocimiento, la ampliación de las oportunidades de escolarización a todos los niños y jóvenes, sin distinción de clase o género, y apostaron por la educación como palanca para el desarrollo de las naciones. La pedagogía de la escuela moderna (que incluye entre sus supuestos a la biblioteca escolar) se gestó a la par de la construcción de los Estados nacionales y de los movimientos sociales que buscaban construir sociedades más igualitarias. Si bien, por lo general, las políticas públicas no se distinguen por la rápida asimilación de la teoría educativa a sus acciones, en esta ocasión las nociones acerca de la escuela moderna encontraron terreno fértil en las políticas públicas de varios países que estaban en el proceso de construir un sistema educativo de cobertura universal. En particular, las ideas referidas a la existencia de bibliotecas en las escuelas para promover el verdadero aprendizaje, que propusieron los ideólogos de la escuela moderna, hallaron eco en algunos políticos y funcionarios públicos comprometidos con la tarea de construir un sistema de educación pública en su país. En América Latina y más tarde en España, estas ideas dejaron huella en la política educativa. Destacan entre otros, en la segunda mitad del siglo xix, Jules Ferry en Francia, Domingo Faustino Sarmiento y Juana Manso, en Argentina; y, a principios del siglo xx, José Vasconcelos en México y, casi 40 años después, Jaime Torres Bodet. Todos ellos desempeñaron los más altos cargos y desde esos puestos tuvieron la misión de diseñar la educación pública de su país. En esa capacidad promovieron con fuerza (es decir, con voluntad política e importantes recursos financieros) la creación de bibliotecas escolares.

Capitulo tomado del libro Lectura y bibliotecas Escolares, Elisa Bonilla, Fundación Santillana. Libro completo en: http://www.oei.es/metas2021/LECTURA.pdf
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