11 dic. 2013

MOOCs y el futuro de la educación: ¿dónde quedan las universidades?

La comunidad educativa está muy atenta a la evolución de las distintas plataformas de cursos online masivos y abiertos, sobre todo porque muchos los ven y los venden como “el futuro de la educación”. Os hemos hablado en alguna ocasión de ellos, reflexionando sobre sus ventajas y desafíos o destacando las impresiones que han tenido antiguos alumnos de este tipo de cursos. 
¿Son tan bonitos como los pintan? 
Depende de a quién preguntes. Para intentar arrojar algo de luz sobre el asunto hemos charlado con profesores de varias universidades españolas, así como con algunos docentes involucrados en el desarrollo de MOOC. La verdad es que los testimonios son bastante clarificadores.
¿Es válido para todas las carreras y todos los alumnos?
Parece obvio que un modelo puramente virtual y automatizado como es el de los cursos masivos abiertos online no es válido para todas las carreras. Existen carreras como medicina que requieren de prácticas.
¿Se fiaría alguien de un médico que haya estudiado a distancia y nunca se hubiera enfrentado a un ser humano enfermo?
Por otra parte, otros profesores opinan que las plataformas actuales permiten distribuir masivamente contenidos multimedia en muchos formatos distintos y crear evaluaciones para prácticamente cualquier materia. Pablo García, profesor titular de la Universidad de Extremadura, indica que quizá el camino sea ofertar un mayor número de asignaturas (y quizá titulaciones) con un modelo semipresencial, de modo que aunque el usuario realice gran parte del trabajo en su casa utilizando los recursos que pongan a su disposición de forma telemática, siempre pueda contar con un tutor que le asesore o resuelva sus dudas. Quizá este es el mayor problema de este tipo de modelos: el hecho de que sean masivos y gratuitos condiciona que es materialmente imposible dedicar recursos humanos a estas labores. Los MOOC apuestan por la automatización casi total del proceso de enseñanza, y por consiguiente, por la ausencia de recursos humanos apoyando y siguiendo la formación de los alumnos. Manuel Barrena, Profesor Titular del Área de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UEx, indica que el contacto profesor-alumno, «según su experiencia, resulta imprescindible para el éxito». Aunque otros profesores sostienen que el establecimiento de comunidades y redes piramidales de alumnos ayuda a su formación, dado que son los propios alumnos los que ayudan a sus compañeros, e incluso les evalúan mediante correcciones cruzadas.
No en vano, la tasa de abandono de este tipo de cursos es realmente alta. Un informe de SCOPEO, observatorio de e-learning perteneciente a la Universidad de Salamanca, indica que la tasa de finalización de estos cursos suele estar en torno al 10%.
¿Es sostenible en el largo plazo?
Cuando una universidad (como la de Stanford, por ejemplo) decide poner en marcha un nuevo curso en una de estas plataformas, lo tiene relativamente fácil. Busca a un profesor de prestigio, que se encarga de elaborar los temas y de realizar material para compartir a los alumnos (generalmente grabando clases). Una vez producido, se sube… y ya. El curso queda ahí, y en la mayoría de materias no habrá que actualizarlo a menudo. Por lo que un mismo curso sirve para formar a alumnos durante muchos años. Además, Rober Morales, profesor de la Universidad de Extremadura, indica que «en Internet todos los servicios tienden a volverse gratuitos según crece su base de usuarios».
Un curso online en este tipo de plataformas, una vez realizada la inversión inicial (para la cual, además, la universidad puede no tener que hacer ningún desembolso monetario adicional), puede permitirse ser gratuito, con la condición de no requerir recursos humanos.
Para que un curso en estas plataformas tenga éxito, el curso tendría que ser muy específico (por lo que dejaría de ser masivo) o la universidad debería tener un muy buen nombre (como es el caso de los actores actuales en este sector; Harvard, Stanford, MIT…).
Con respecto a las universidades, muchas consideran este tipo de plataformas como un medio de atraer alumnos a cursos más especializados que sí se imparten de forma presencial o semipresencial, en este caso pagando una tasa. Otro modelo para monetizar este tipo de cursos es el que ha puesto en práctica Coursera: la creación de una bolsa de empleo. De ese modo es quien ofrece trabajo el que paga por anunciar su puesto a los alumnos de un determinado curso.
¿En qué situación quedan las universidades actuales?
La pregunta, desde luego, es delicada. Y la respuesta no es en absoluto trivial. En lo que sí coinciden es en que, en el medio plazo, ambos modelos de formación tienen cabida en la sociedad actual. Y en el largo plazo la Universidad (como ente) seguiría existiendo en todo caso, aunque puede que con otras labores.
Hay que tener en cuenta, sobre todo, que la mayoría de universidades no se dedican únicamente a la enseñanza. Hay mil labores más que también están encomendadas a la Universidad y que no se ven afectadas por la llegada de esta serie de cursos. Tal es el caso de las labores de investigación y de transferencia de conocimiento a la sociedad.
Aunque es posible que, de imponerse este tipo de modelos (o un modelo semipresencial), algunas de las universidades más pequeñas (y sobre todo aquellas que no tengan labor de investigación) acaben desapareciendo o siendo absorbidas por otras.
Titulaciones: lo que al final acabamos buscando.
Un asunto peliagudo cuando hablamos de este tipo de cursos está el tema de la certificación. Las plataformas como Coursera, edX y similares ofrecen un certificado que acredita que se ha finalizado con éxito un determinado curso, pero esa certificación no tiene más valor que el del propio papel en el que va impresa.
No es sencillo certificar el conocimiento real de un alumno y las habilidades adquiridas en estos formatos masivos.
Los doctores en Telecomunicaciones por la UPM Alfonso Muñoz y Jorge Ramió (editores en Cript4You, página Web que ofrece distintos MOOC sobre criptografía y seguridad informática) apuntan, por ejemplo, que “este tipo de plataformas están muy bien construidas para entregar contenidos, pero no para evaluar conocimientos ni comprobar relaciones de aprendizaje”.
Si miramos más allá de hacer ciertos cursos en este tipo de plataformas, llegando a pensar en una carrera universitaria cuya formación se base en este tipo de plataformas, parece obvio pensar que esa titulación tiene que estar de algún modo regulada por el Estado. Un posible escenario alternativo sería aquel en el que no existiera la regulación de los títulos universitarios y que se evaluaran únicamente los conocimientos y certificados, independientemente de su validez legal, salvo en el caso de carreras profesionalizantes (medicina, arquitectura, ingenierías industriales…). Este escenario sería compatible incluso con la estructura actual de las plataformas de MOOC.
¿Podría llegar a ser necesaria una legislación estatal que tuviera en cuenta este tipo de formación y la regulara convenientemente? Hay tantas opiniones como colores. Incluso dentro de las propias universidades.
Tomado de:


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