16/1/2012

Los objetivos del catálogo


El siglo XVII marca el inicio de la era del catálogo como lista de localización. Este es un cambio muy importante, pero los catálogos presentan aún numerosos problemas como instrumentos de recuperación, debido a la ausencia de principios generalmente aceptados para su compilación. Es en el siglo XIX cuando comienzan a buscarse enfoques más sistemáticos en la compilación de catálogos, y también empieza a plantearse de manera explícita la discusión sobre cuál es la función que debe cumplir el catálogo.  Podemos trazar los antecedentes de esa discusión hasta las acaloradas discusiones que rodearon la compilación de un nuevo catálogo para la biblioteca del Museo Británico a mediados de siglo. En 1841, Anthony Panizzi, bibliotecario jefe del Museo Británico, redactó junto con un comité un conjunto de reglas para la compilación del nuevo catálogo de la biblioteca del Museo. Las Rules for the Compilation of the Catalog, conocidas como las  "91 reglas de Panizzi", estaban diseñadas para la confección de un catálogo alfabético, principalmente de autores personales y entidades, que permitiera al usuario la localización fácil y rápida de un libro, así como la agrupación de las obras de un mismo autor con sus diferentes ediciones y traducciones. Panizzi sostenía que un usuario puede conocer la obra que busca, pero no puede pretenderse que conozca todas las ediciones de esa obra. El catálogo, por lo tanto, debía no sólo informar sobre la existencia de un libro en particular, sino también reunir las diferentes ediciones y traducciones de una obra (Lubetzky, 2001a). Esta concepción llevaba al catálogo más allá de la función de lista de localización, y hacía, por lo tanto, necesario aplicar nuevas técnicas en su organización, lo que implicaba nuevas y más complicadas reglas para su compilación. 
Estas reglas y la concepción de Panizzi fueron objeto de fuerte crítica por parte de quienes sostenían que la función del catálogo era solamente la de servir como lista de localización. Thomas Carlyle, uno de los más acérrimos opositores a Panizzi y sus nuevas reglas, afirmaba que el objetivo de un catálogo era indicar que un determinado libro estaba en la biblioteca. Para cumplir con este objetivo, argüía Carlyle, no hacían falta demasiadas reglas, ni que estas fueran complicadas. Puede que no le faltase razón, pero ciertamente no hacía justicia al planteo subyacente en las 91 reglas de Panizzi. Para Panizzi, el objeto de un catálogo no eran los libros en tanto entidades individuales e independientes tal como las entendía Carlyle, sino algo más complejo: cada libro era una edición particular de una obra, un componente dentro de un conjunto de diferentes entidades individuales que representaban un contenido intelectual común. El catálogo no podía agotarse en informar al usuario "este libro (esta particular edición de esta obra) está en la biblioteca". Debía ir más allá, mostrarle todas las ediciones de una obra disponibles en la biblioteca. Para eso, era necesario que el catálogo reuniera de alguna manera todas las ediciones y traducciones de una obra determinada, de manera que si un  usuario buscaba un libro en particular, lo encontrara, no como una entidad independiente, sin lazos con otras, sino en el contexto de todas las ediciones de la obra. Panizzi plantea así dos funciones para el catálogo: la de identificación de ediciones o publicaciones individuales, y la de reunión de todas las ediciones de una obra (Lubetzky,2001a). Las reglas de Panizzi fueron el primer código moderno de catalogación pero, además, fueron el inicio de una concepción del catálogo que lo lleva más allá de la lista de localización: el catálogo que contempla no sólo el objeto material, sino también su contenido intelectual, y se preocupa por brindar acceso a ambos.
Los objetivos de Cutter
La primera enunciación explícita de los objetivos del catálogo corresponde a Charles Ammi Cutter (1876), quien observa que el tratamiento de la catalogación no se realiza en forma sistemática, ni se buscan principios que guíen la tarea. En sus Rules for a Printed Dictionary Catalog, Cutter comienza por establecer qué es lo que un catálogo debe hacer, como paso previo a determinar cómo deben redactarse y ordenarse los registros que componen ese catálogo.
Según Cutter, el catálogo debe
1. Permitir a una persona encontrar un libro del cual
A. el autor,

B. el título, o es conocido
C. el tema

2. Mostrar qué posee la biblioteca
D. por un autor determinado 

E. sobre un tema determinado 
F. en un género literario determinado

3. Ayudar en la elección de un libro
G. por la edición (bibliográficamente)

H. por su carácter (literario o temático) (Cutter, 1876).

Cutter  plantea tres objetivos: los de localización (o identificación) y reunión, ya anticipados por Panizzi, más un tercer objetivo, el de selección o evaluación, que si bien Panizzi no menciona, aparece implícitamente en sus planteos. 

El primer objetivo representa la función del catálogo como lista de localización, que responde a la búsqueda de un ítem conocido. El usuario, que conoce la existencia de un recurso bibliográfico, busca determinar si el mismo forma parte de la colección de la biblioteca buscándolo por su autor, su título o la materia de la que trata -aunque en muchos casos, la conjunción no es "o" sino "y", ya que es necesario más de un dato para poder  localizar un ítem conocido (autor y título, título y materia, etc.). Un catálogo como lista de localización en general presenta las siguientes características: uso de los nombres como punto de acceso en la forma en que aparecen en la fuente de información y un mínimo de descripción, sólo lo imprescindible para la identificación (Rowley y Farrow, 2000). 
El segundo objetivo, de reunión o agrupamiento, responde a otro tipo de búsqueda posible, la búsqueda por categorías. Este objetivo es presentado por Cutter como reunión de recursos de un mismo autor, un mismo tema o un género literario. Para reunir, es necesario establecer qué relaciones existen entre recursos y conectar registros de acuerdo con ellas. Los mecanismos necesarios para cumplir con el objetivo de reunión son, por una parte, la extensión de la descripción para cubrir información de las relaciones y por otro, el uso de puntos de acceso normalizados y una estructura de referencias entre los puntos de acceso. Esta necesidad es opuesta a la de representar nombres tal como aparecen en el recurso, que es necesaria para la función de identificación. Al requerir medios diferentes y muchas veces opuestos para su concreción, las  funciones de identificación y de reunión entran en conflicto. Una de ellas tiende a prevalecer sobre la otra. Históricamente, ha sido la función de identificación la que ha prevalecido sobre la de reunión (Rowley y Farrow, 2000). 
El tercer objetivo del catálogo, según Cutter, es ayudar al usuario a decidir, a partir del registro, si le interesa o no consultar el recurso, o seleccionar, entre varios recursos, cuál es el que mejor responde a sus necesidades. Este objetivo de selección o evaluación se cumple a través de los datos que describen al recurso en el registro. Para ayudar en la selección en cuanto al carácter (literario o temático), Cutter establece en sus reglas el uso de anotaciones (notas de resumen, por ejemplo). Esta práctica, que se había perdido para los materiales impresos, está resurgiendo en la actualidad aplicada a los recursos electrónicos. El enunciado de Cutter representa la visión de las funciones del catálogo en un tiempo y con una tecnología determinadas. Cutter habla de "libro", sin considerar, al menos explícitamente, la existencia de otros tipos de materiales en la biblioteca, ni siquiera otros tipos de textos impresos como las publicaciones periódicas. Los criterios de reunión establecidos se limitan a autores, materias y géneros literarios (aunque este último no ha sido aplicado tan ampliamente como los anteriores). La tecnología predominante en los catálogos en el siglo XIX y primera mitad del XX -las fichas- impone limitaciones en cuanto a la posibilidad de establecer relaciones. Aún con estas limitaciones, los objetivos de Cutter fueron el enunciado fundamental sobre las funciones del catálogo por más de un siglo. El aspecto más conflictivo que presenta el enunciado de Cutter es que el segundo objetivo no contempla la reunión de distintas ediciones de una misma obra. El uso del término libro, más allá de su connotación de tipo de recurso, está marcando que no se contempla la distinción entre libro y obra, entre la publicación individual y su contenido por la que abogara Panizzi. Según Lubetzky (2001b: 273), la generalidad de la expresión "Mostrar qué posee la biblioteca" es demostrativa de la ausencia de una distinción clara  y consistente entre el libro y la obra en las reglas de Cutter.  Esta distinción tiene gran importancia en la construcción de un catálogo, ya que marcará la presencia o ausencia de una serie de mecanismos que permitan identificar y reunir las diferentes publicaciones que representan una misma obra como, por ejemplo, el uso de títulos uniformes. Disminuye además la importancia del segundo objetivo, acentuando las características del catálogo como lista de localización.

Lubetzky: la dicotomía libro/obra
Los objetivos de Cutter, reproducidos en todas las ediciones de sus Rules for a Dictionary Catalog y profusamente citados en la literatura bibliotecológica a lo largo del siglo XX, no fueron sin embargo el fin de las discusiones sobre las funciones del catálogo. Por lo pronto, el código que sucedió a las reglas de Cutter dentro de la comunidad angloamericana, las Anglo-American Catalog Rules de 1908, no incluyó ningún enunciado de los objetivos del catálogo, y desde ese entonces ningún otro código de la misma corriente lo ha hecho. La revisión realizada por Seymour Lubetzky de los códigos de catalogación utilizados en Estados Unidos a mediados del siglo XX marca el siguiente hito en el desarrollo de una enunciación de los objetivos del catálogo. Lubetzky, comisionado para revisar las reglas de descripción utilizadas por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, y más tarde las ALA Cataloging Rules for Autor and Title Entries, realiza un análisis riguroso y sistemático de ambos códigos. Para las reglas descriptivas, su enfoque parte de la necesidad de establecer, antes de realizar la descripción de un recurso, cuáles son los objetivos que esa descripción debe servir. Sólo de esa forma puede establecerse qué hay que incluir y qué hay que dejar fuera de un registro. Su revisión del código de ALA, a la luz de la pregunta "¿Es esta regla necesaria?", consistió en un exhaustivo análisis de cada regla para establecer, básicamente, si de hecho contribuía a los objetivos del catálogo (Svenonius, 2000).

La excepcional tarea de Lubetzky, no sólo en lo instrumental sino en la formulación de los principios que debían guiar la catalogación, le valió la designación como editor de un nuevo código de catalogación. Si bien este nunca llegó a publicarse, los planteos de Lubetzky tuvieron una gran influencia en los posteriores desarrollos de los códigos de catalogación y en la concepción de los objetivos del catálogo. Lubetzky (2001b: 264) afirma que el catálogo no puede ser una mera recopilación de registros que representan entidades individuales, sino que debe ser un instrumento diseñado de manera sistemática en el que los registros deben estar integrados, como partes componentes del todo.  La pregunta fundamental a plantear es  si el catálogo "…debe ser  un registro de los materiales de la biblioteca, de las obras que ellos representan, o de ambos" (Lubetzky, 2001c: 200). Su proyecto de código establece que el catálogo debe cumplir con los  siguientes objetivos:

1.  Facilitar la localización de una publicación en particular y
2.  Relacionar y reunir las ediciones de una obra y las obras de un autor  (Lubetzky, 2001c: 200).
El reconocimiento de la dicotomía libro/obra y la necesidad de atender a ambos aspectos es uno de los planteos fundamentales de Lubetzky respecto de los objetivos del catálogo. Retoma la concepción de Panizzi sobre la necesidad de mostrar una publicación no como una entidad aislada sino en el marco de sus relaciones con otras entidades, particularmente con aquellas con las que comparte su contenido intelectual (la obra) y su autor. Aquí aparecen nuevamente las funciones de localización (de las ediciones o publicaciones) y de reunión (de las ediciones de una obra, y de las obras de un autor). El énfasis es diferente al del enunciado de Cutter: el segundo objetivo adquiere mucha mayor relevancia. La función de selección, si bien no aparece mencionada en esta enunciación, es contemplada por Lubetzky como función de la descripción en varios de sus escritos.
 Los apartes de este articulo son tomados de la publicación completa de: Graciela Spedalieri
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