El siglo XVII marca el inicio de la era
del catálogo como lista de localización. Este es un cambio muy importante, pero
los catálogos presentan aún numerosos problemas como instrumentos de
recuperación, debido a la ausencia de principios generalmente aceptados para su
compilación. Es en el siglo XIX cuando comienzan a buscarse enfoques más
sistemáticos en la compilación de catálogos, y también empieza a plantearse de
manera explícita la discusión sobre cuál es la función que debe cumplir el
catálogo. Podemos trazar los antecedentes de esa discusión hasta las
acaloradas discusiones que rodearon la compilación de un nuevo catálogo para la
biblioteca del Museo Británico a mediados de siglo. En 1841, Anthony Panizzi,
bibliotecario jefe del Museo Británico, redactó junto con un comité un conjunto
de reglas para la compilación del nuevo catálogo de la biblioteca del Museo.
Las Rules for the Compilation
of the Catalog, conocidas como las "91 reglas de Panizzi",
estaban diseñadas para la confección de un catálogo alfabético, principalmente
de autores personales y entidades, que permitiera al usuario la localización
fácil y rápida de un libro, así como la agrupación de las obras de un mismo
autor con sus diferentes ediciones y traducciones. Panizzi sostenía que un usuario
puede conocer la obra que busca, pero no puede pretenderse que conozca todas
las ediciones de esa obra. El catálogo, por lo tanto, debía no sólo informar
sobre la existencia de un libro en particular, sino también reunir las
diferentes ediciones y traducciones de una obra (Lubetzky, 2001a). Esta
concepción llevaba al catálogo más allá de la función de lista de localización,
y hacía, por lo tanto, necesario aplicar nuevas técnicas en su organización, lo
que implicaba nuevas y más complicadas reglas para su compilación.
Estas reglas y la concepción de Panizzi fueron objeto de fuerte crítica por
parte de quienes sostenían que la función del catálogo era solamente la de
servir como lista de localización. Thomas Carlyle, uno de los más acérrimos
opositores a Panizzi y sus nuevas reglas, afirmaba que el objetivo de un
catálogo era indicar que un determinado libro estaba en la biblioteca. Para cumplir
con este objetivo, argüía Carlyle, no hacían falta demasiadas reglas, ni que
estas fueran complicadas. Puede que no le faltase razón, pero ciertamente no
hacía justicia al planteo subyacente en las 91 reglas de Panizzi. Para Panizzi,
el objeto de un catálogo no eran los libros en tanto entidades individuales e
independientes tal como las entendía Carlyle, sino algo más complejo: cada libro era una edición particular de una obra, un componente dentro de
un conjunto de diferentes entidades individuales que representaban un contenido
intelectual común. El catálogo no podía agotarse en informar al usuario
"este libro (esta particular edición de esta obra) está en la
biblioteca". Debía ir más allá, mostrarle todas las ediciones de una obra
disponibles en la biblioteca. Para eso, era necesario que el catálogo reuniera
de alguna manera todas las ediciones y traducciones de una obra determinada, de
manera que si un usuario buscaba un libro en particular, lo encontrara,
no como una entidad independiente, sin lazos con otras, sino en el contexto de
todas las ediciones de la obra. Panizzi plantea así dos funciones para el catálogo:
la de identificación de ediciones o publicaciones individuales, y la de reunión
de todas las ediciones de una obra (Lubetzky,2001a). Las reglas de Panizzi fueron el primer
código moderno de catalogación pero, además, fueron el inicio de una concepción
del catálogo que lo lleva más allá de la lista de localización: el catálogo que
contempla no sólo el objeto material, sino también su contenido intelectual, y
se preocupa por brindar acceso a ambos.
Los objetivos de Cutter
La primera enunciación explícita de los
objetivos del catálogo corresponde a Charles Ammi Cutter (1876), quien observa
que el tratamiento de la catalogación no se realiza en forma sistemática, ni se
buscan principios que guíen la tarea. En sus Rules
for a Printed Dictionary Catalog, Cutter comienza por establecer qué es lo
que un catálogo debe hacer, como paso previo a determinar cómo deben redactarse
y ordenarse los registros que componen ese catálogo.
Según Cutter, el catálogo debe
1. Permitir a una persona encontrar un
libro del cual
A. el autor,
B. el título, o es conocido
C. el tema
2. Mostrar qué posee la biblioteca
D. por un autor determinado
E. sobre un tema determinado
F. en un género literario determinado
3. Ayudar en la elección de un libro
G. por la edición (bibliográficamente)
H. por su carácter (literario o temático) (Cutter, 1876).
Cutter plantea tres objetivos:
los de localización (o identificación) y reunión, ya anticipados por Panizzi,
más un tercer objetivo, el de selección o evaluación, que si bien Panizzi no
menciona, aparece implícitamente en sus planteos.
El primer objetivo representa la función del catálogo como lista de
localización, que responde a la búsqueda de un ítem conocido. El usuario, que
conoce la existencia de un recurso bibliográfico, busca determinar si el mismo
forma parte de la colección de la biblioteca buscándolo por su autor, su título
o la materia de la que trata -aunque en muchos casos, la conjunción no es
"o" sino "y", ya que es necesario más de un dato para poder
localizar un ítem conocido (autor y título, título y materia, etc.). Un
catálogo como lista de localización en general presenta las siguientes
características: uso de los nombres como punto de acceso en la forma en que
aparecen en la fuente de información y un mínimo de descripción, sólo lo
imprescindible para la identificación (Rowley y Farrow, 2000).
El segundo objetivo, de reunión o agrupamiento, responde a otro tipo de
búsqueda posible, la búsqueda por categorías. Este objetivo es presentado por
Cutter como reunión de recursos de un mismo autor, un mismo tema o un género
literario. Para reunir, es necesario establecer qué relaciones existen entre
recursos y conectar registros de acuerdo con ellas. Los mecanismos necesarios
para cumplir con el objetivo de reunión son, por una parte, la extensión de la
descripción para cubrir información de las relaciones y por otro, el uso de
puntos de acceso normalizados y una estructura de referencias entre los puntos
de acceso. Esta necesidad es opuesta a la de representar nombres tal como aparecen
en el recurso, que es necesaria para la función de identificación. Al requerir
medios diferentes y muchas veces opuestos para su concreción, las
funciones de identificación y de reunión entran en conflicto. Una de ellas
tiende a prevalecer sobre la otra. Históricamente, ha sido la función de
identificación la que ha prevalecido sobre la de reunión (Rowley y Farrow,
2000).
El tercer objetivo del catálogo, según Cutter, es ayudar al usuario a decidir,
a partir del registro, si le interesa o no consultar el recurso, o seleccionar,
entre varios recursos, cuál es el que mejor responde a sus necesidades. Este
objetivo de selección o evaluación se cumple a través de los datos que
describen al recurso en el registro. Para ayudar en la selección en cuanto al carácter
(literario o temático), Cutter establece en sus reglas el uso de anotaciones
(notas de resumen, por ejemplo). Esta práctica, que se había perdido para los
materiales impresos, está resurgiendo en la actualidad aplicada a los recursos electrónicos.
El enunciado de Cutter representa la visión de las funciones del catálogo en un
tiempo y con una tecnología determinadas. Cutter habla de "libro",
sin considerar, al menos explícitamente, la existencia de otros tipos de
materiales en la biblioteca, ni siquiera otros tipos de textos impresos como
las publicaciones periódicas. Los criterios de reunión establecidos se limitan
a autores, materias y géneros literarios (aunque este último no ha sido
aplicado tan ampliamente como los anteriores). La tecnología predominante en
los catálogos en el siglo XIX y primera mitad del XX -las fichas- impone
limitaciones en cuanto a la posibilidad de establecer relaciones. Aún con estas
limitaciones, los objetivos de Cutter fueron el enunciado fundamental sobre las
funciones del catálogo por más de un siglo. El aspecto más conflictivo que
presenta el enunciado de Cutter es que el segundo objetivo no contempla la
reunión de distintas ediciones de una misma obra. El uso del término libro, más
allá de su connotación de tipo de recurso, está marcando que no se contempla la
distinción entre libro y obra, entre la publicación individual y su contenido
por la que abogara Panizzi. Según Lubetzky (2001b: 273), la generalidad de la
expresión "Mostrar qué posee la biblioteca" es demostrativa de la
ausencia de una distinción clara y consistente entre el libro y la obra
en las reglas de Cutter. Esta distinción tiene gran importancia en la
construcción de un catálogo, ya que marcará la presencia o ausencia de una
serie de mecanismos que permitan identificar y reunir las diferentes
publicaciones que representan una misma obra como, por ejemplo, el uso de
títulos uniformes. Disminuye además la importancia del segundo objetivo,
acentuando las características del catálogo como lista de localización.
Lubetzky: la dicotomía libro/obra
Los objetivos de Cutter, reproducidos
en todas las ediciones de sus Rules
for a Dictionary Catalog y
profusamente citados en la literatura bibliotecológica a lo largo del siglo XX,
no fueron sin embargo el fin de las discusiones sobre las funciones del
catálogo. Por lo pronto, el código que sucedió a las reglas de Cutter dentro de
la comunidad angloamericana, las Anglo-American
Catalog Rules de 1908, no
incluyó ningún enunciado de los objetivos del catálogo, y desde ese entonces
ningún otro código de la misma corriente lo ha hecho. La revisión realizada por Seymour
Lubetzky de los códigos de catalogación utilizados en Estados Unidos a mediados
del siglo XX marca el siguiente hito en el desarrollo de una enunciación de los
objetivos del catálogo. Lubetzky, comisionado para revisar las reglas de
descripción utilizadas por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, y
más tarde las ALA Cataloging
Rules for Autor and Title Entries, realiza un análisis riguroso y sistemático
de ambos códigos. Para las reglas descriptivas, su enfoque parte de la
necesidad de establecer, antes de realizar la descripción de un recurso, cuáles
son los objetivos que esa descripción debe servir. Sólo de esa forma puede
establecerse qué hay que incluir y qué hay que dejar fuera de un registro. Su
revisión del código de ALA, a la luz de la pregunta "¿Es esta regla
necesaria?", consistió en un exhaustivo análisis de cada regla para
establecer, básicamente, si de hecho contribuía a los objetivos del catálogo
(Svenonius, 2000).
La excepcional tarea de Lubetzky, no sólo en lo instrumental sino en la
formulación de los principios que debían guiar la catalogación, le valió la
designación como editor de un nuevo código de catalogación. Si bien este nunca
llegó a publicarse, los planteos de Lubetzky tuvieron una gran influencia en
los posteriores desarrollos de los códigos de catalogación y en la concepción de
los objetivos del catálogo. Lubetzky (2001b: 264) afirma que el catálogo no
puede ser una mera recopilación de registros que representan entidades
individuales, sino que debe ser un instrumento diseñado de manera sistemática
en el que los registros deben estar integrados, como partes componentes del
todo. La pregunta fundamental a plantear es si el catálogo
"…debe ser un registro de los materiales de la biblioteca, de las
obras que ellos representan, o de ambos" (Lubetzky, 2001c: 200). Su
proyecto de código establece que el catálogo debe cumplir con los
siguientes objetivos:
1. Facilitar la localización de una publicación en
particular y
2. Relacionar y reunir las ediciones de una obra y las obras de un autor (Lubetzky, 2001c: 200).
2. Relacionar y reunir las ediciones de una obra y las obras de un autor (Lubetzky, 2001c: 200).
El reconocimiento de la dicotomía
libro/obra y la necesidad de atender a ambos aspectos es uno de los planteos fundamentales
de Lubetzky respecto de los objetivos del catálogo. Retoma la concepción de
Panizzi sobre la necesidad de mostrar una publicación no como una entidad
aislada sino en el marco de sus relaciones con otras entidades, particularmente
con aquellas con las que comparte su contenido intelectual (la obra) y su
autor. Aquí aparecen nuevamente las funciones de localización (de las ediciones
o publicaciones) y de reunión (de las ediciones de una obra, y de las obras de
un autor). El énfasis es diferente al del enunciado de Cutter: el segundo
objetivo adquiere mucha mayor relevancia. La función de selección, si bien no
aparece mencionada en esta enunciación, es contemplada por Lubetzky como
función de la descripción en varios de sus escritos.





5 Todos los comentarios:
Mi nombre es Tatiana y trabajo para una empresa de Comunicación y Marketing, en España. Quiero preguntarle si le gustaría colaborar con una campaña de publicidad de educacion. Pagamos en euros por PayPal por el trabajo.
Si le interesa la propuesta, me escriba: tatiana.segala@gmail.com
Atentamente
Hola Javier lo vi te prometo leerlo pronto, saludos, José
Me interesa el articulo completo, gracias muy bueno,
Ricardo.
Muy interesante, esta noche lo termino, Jorge.
Mensaje marcado Viernes 27 de enero de 2012 10:39http://www.redprofesoresparticulares.com
CHATEA Y DIVIERTETE CONOCIENDO GENTE
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