19 jul. 2011

Evolución del espacio como custodia

Desde los inicios de las bibliotecas hace más de seis mil años, hasta la Edad Media con la aparición de las bibliotecas en las universidades, destaca la función de custodia y salvaguardia de las mismas de los documentos albergados en su interior. Ya en el IV milenio a.C. las tablillas se guardaban y custodiaban en una dependencia del templo a la que sólo tenían acceso ricos, nobles, reyes y clero, pero con el paso de los años estas dependencias se separaron, e incluso hubo alguna dedicada al personal bibliotecario. Hasta la Edad Media son tres las bibliotecas, Alejandría, Pérgamo y Constantinopla, que destacan por la grandiosidad de sus instalaciones y por la cantidad y calidad sus de fondos bibliográficos dedicados básicamente a la salvaguardia. Ptolomeo I fundó la Biblioteca de Alejandría, la cual llegó a tener bajo su protección más de 700.000 volúmenes o rollos de papiro. Fue construida con el fin de albergar todo el registro de la memoria humana. Debido a su amplitud documental fue necesario llevar a cabo una organización y almacenaje de la información que permitiera identificar las obras. La Biblioteca de Pérgamo (197-159 a.C.) desarrolló un ansia de saber como nunca antes, fruto de los contactos entre oriente y occidente. Fue una de las grandes joyas de la antigüedad llegando a reunir más de 200.000 volúmenes. Se encontraba dentro de un recinto sagrado. En las excavaciones arqueológicas se pudo observar que los muros exteriores estaban formados por dobles muros a modo de cámara para proteger los fondos de los cambios climatológicos lo que nos habla de una preocupación por la conservación. Durante el siglo III encuentra su origen la biblioteca de Constantinopla, que albergó cerca de 100.000 volúmenes aproximadamente. Hacia el siglo IV, las bibliotecas se amparan en la Iglesia. Tanto en Italia, como en Francia y España comienzan a situarse dentro de las basílicas, monasterios, iglesias, etc. En esta época fueron los religiosos quienes optaron, mayoritariamente, por salvaguardar y proteger el material bibliográfico. El acceso sólo estaba permitido a personalidades y clérigos. El conocimiento, que había sido custodiado durante siglos en las bibliotecas monacales, empieza a ser custodiado en las escuelas catedralicias y posteriormente en las bibliotecas de las universidades, hecho que provoca una incipiente apertura de las bibliografías a una minoría universitaria privilegiada.

Evolución del espacio para consulta

A lo largo de los siglos se produce un cambio en la concepción de lo que es la biblioteca; de ser meros almacenes se transforman en espacios de consulta y del saber por la conjunción de varios factores, como la evolución en los soportes documentales y sus accesos, los avances en la concepción de las construcciones e inventos como la imprenta y la tinta. Todo ello conduce a las bibliotecas hacia una función más social, incrementando el acceso, la demanda y la alfabetización. Las primeras bibliotecas universitarias, creadas en la segunda parte del siglo XII, como la de París o la de Bolonia, depositan y guardan los libros en armarios ubicados en las salas de lectura y consulta, disponiendo también de depósitos con funciones de custodia y preservación. Los fondos bibliográficos son accesibles para toda la comunidad estudiantil, y despiertan un gran interés. El préstamo de documentos estaba permitido en algunas bibliotecas dependiendo de la duplicidad de los documentos y del perfil del usuario (docente, investigador o estudiante). Cabe destacar en estas edificaciones dos secciones, una con fines exclusivamente de consulta (es curioso encontrar libros encadenados a las propias mesas y estanterías para evitar tentaciones de sustracción), y otra, donde se ubicaban las obras duplicadas, las cuales podían ser sacadas del centro. Durante el siglo XIII aparecen los primeros tratados de biblioteconomía, con el fin de ofrecer servicios a los estudiantes y usuarios como el préstamo de libros, hecho que influye en el planteamiento de la distribución bibliotecaria. La imprenta, como instrumento de mayor producción impresa, fue decisiva en el surgimiento del Renacimiento cultural europeo. Fomentó la educación, influyendo de forma directa en la evolución de las bibliotecas hacia una función más social, con el acercamiento del saber a un gran número de ciudadanos. El uso y disfrute de los centros se generaliza, bien para consultas, investigaciones o aprendizaje, floreciendo las primeras Bibliotecas Nacionales, creadas por reyes y príncipes, con la responsabilidad de colectar, mantener y preservar la literatura nacional . En el mundo anglosajón, durante el siglo XVIII, aparecieron dos tipos de bibliotecas, las parroquiales (por girar en torno a las parroquias) y las de asociaciones (creadas para la adquisición cooperativa de libros); ambas utilizaban la lectura pública como forma de promoción de los libros, dando pie en el siglo XIX a las actuales bibliotecas públicas, las cuales supusieron un acercamiento de los libros para la formación profesional, moral y recreo de la población. En Estados Unidos, gracias a Andrew Carnegie, se desarrolló un sistema bibliotecario de primer nivel, modificando el concepto de biblioteca iniciado con las primeras bibliotecas universitarias. Es aquí donde realmente las bibliotecas comienzan a concebirse como instituciones educativas y no como archivos de memoria. Diversos aspectos permiten denominar a los Estados Unidos como el padre de la biblioteconomía moderna, como la creación de las primeras reglas de catalogación (Cutter y Dewey) y sistemas de clasificación, el establecimiento de escuelas de biblioteconomía en universidades, la creación de las primeras asociaciones, como la American Library Association (ALA), la aparición de las primeras publicaciones periódicas sobre la temática, como Library Journal, y la edificación de grandiosas bibliotecas como la Library of Congress. se construyeron espaciosos edificios funcionales para albergar gran diversidad de materiales como libros, cuadros, mapas, planos, gráficos, etc. La comodidad de los usuarios fue de vital importancia para la consulta de bibliografías, y se facilitó el acceso mediante la ordenación de la misma. Los libros deteriorados, valiosos y muy usados fueron albergados en seguros depósitos diseñados contra eventos catastróficos como inundaciones, incendios, robos, etc. Se idearon diversos medios para la extensión bibliotecaria, tratando de eliminar barreras físicas, geográficas, económicas y sociales, como el envío de documentos por correo, la apertura de delegaciones, y los amplios horarios, y se ofrecieron servicios de asistencia a los lectores, lecturas de ocio e información referencial. Debido al crecimiento de la población, el número de lectores, el desarrollo económico, el crecimiento de publicaciones, tanto de monografías como de revistas, en el siglo XX se produce una expansión tanto del número de bibliotecas como de la diversificación de la oferta (bibliotecas escolares, universitarias, especiales, científicas, públicas y nacionales). Se abordan soluciones al espacio de las instalaciones bibliotecarias pudiéndose distinguir dos periodos en cuanto a su arquitectura y funcionalidad. El primero comprende desde principios del siglo XX, con la construcción de proyectos faraónicos, y el segundo a partir de 1960 teniendo como objetivo la funcionalidad apoyada en las automatizaciones y tecnificaciones en los procesos de construcción. Ambos se encuentran enlazados. El crecimiento de las colecciones de principios del siglo XX provoca un cambio conceptual en la construcción de bibliotecas destacando el diseño y edificación de dos tipologías: las construidas en sentido vertical y las que poseen una planta circular.

Proyectos verticales

Hasta principios del siglo XX, el nexo entre los depósitos de libros y la zona habilitada para préstamo y consulta se daba en forma horizontal. Sin embargo la idea de separación de los tres grandes espacios; zona administrativa, depósitos y las estancias adaptadas al público estimula la construcción vertical de los edificios implantándose como un nuevo modelo de edificación para bibliotecas. Los depósitos se comunican entre si y con el mostrador de préstamo a través de elevadores montacargas con el fin de facilitar el movimiento de libros y servir los ejemplares solicitados con la mayor brevedad posible. Los depósitos suelen cubrir varias plantas, todas ellas conectadas para el transvase de fondos. Las salas habilitadas para el estudio o la consulta se sitúan en las plantas bajas, al igual que la zona administrativa. Como referencia a proyectos verticales destacan:

La Biblioteca Pública de Nueva York, cuyo proyecto ganó el en concurso, en 1897 por los arquitectos John Carriére y Thomas Hastings. Fue la primera en desarrollar una conexión vertical entre la sala de lectura y los depósitos.

Planificación y edificación de bibliotecas Durante el siglo XX, se destacan tres grandes figuras dedicadas a la planificación y edificación bibliotecaria: Carnegie (el cual financió la construcción de infinidad de bibliotecas públicas en Estados Unidos), el francés Tony Garnier y el finlandés Alvar Aalto (quien destaca por sus aportes innovadores en la especialización funcional del edificio).

Concretamente la sala de lectura se encontraba en la tercera planta y sobre ella se situaban ocho niveles de depósitos que contenían más de cuarenta kilómetros de estanterías. Con ella aparecieron los elevadores de libros, y el incremento del coste del metro cuadrado, factores que impulsan esa tendencia hacia lo vertical, ahorrando espacio para las bibliotecas situadas en los centros urbanos. El proyecto de la Biblioteca Universitaria de Viena (1912), fue presentado por el precursor del modernismo vienés, el arquitecto Otto Wagner. Este proyecto vio truncada su realización por el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Wagner quería construir la sala de lectura bajo los depósitos, y que estos fueran situados en altura, adelantándose a lo que se vería en un futuro. Incorporó el hierro en sus obras, y se interesó por los materiales contemporáneos pretendiendo armonizarlos con el arte y las nuevas tendencias de la época. Con el paso de los años este modelo de construcción se adoptó en varias bibliotecas americanas. La Biblioteca del Congreso de Washington, con la construcción de un nuevo edificio aledaño al principal, utilizó este sistema, en el que la sala de estudio se encontraba situada en la última planta y por debajo de ella hay doce pisos dedicados a depósitos.

• Andrew Carnegie

Andrew Carnegie financió el primer think-tank de la historia, el Fondo Carnegie para la Paz Mundial, una red de bibliotecas. Fue un filántropo que dio su nombre a un dinosaurio (el Diplodocus Carnegie) que está expuesto, obviamente, en el Museo Carnegie de Historia Natural de Pittsburg, a sólo cinco kilómetros del Instituto Carnegie de Tecnología, que forma parte de la Universidad Carnegie-Mellon. Generalmente se encuentran en parques públicos. En sus instalaciones destaca la eficiencia característica del propio Carnegie y heredada por el personal de las bibliotecas. Estos adquirieron posiciones de plena participación dentro de las funciones y servicios bibliotecarios. Se evitaron las particiones en el interior de los edificios, las estanterías repletas de libros pueden vislumbrarse desde la sala de lectura. Las salas contiguas se limitaron a las utilizadas por el staff y a las funcionales para los usuarios. Fue el mayor benefactor de las bibliotecas públicas en Estados Unidos a través de la Fundación Carnegie. Financió la construcción de más de 3.000 de estos centros en Estados Unidos los cuales ofreció a colectividades locales. Así mismo fundó un Instituto de Tecnología en Pittsburg, hoy llamado Carnegie Mellon University. Edward L. Tilton fue el arquitecto-bibliotecario de Carnegie para todo Estados Unidos. Introdujo, en la biblioteca de Springfield (Massachusetts), el “Open Plan”, el acceso libre, que con el tiempo fue adoptado por centenares de bibliotecas públicas. Las bibliotecas públicas de Carnegie fueron construidas entre 1886 y 1917. Son fáciles de reconocer, porque se basan en clásicas columnas y ostentan una cúpula. Las construcciones se acercan a los ciudadanos, las salas de lectura se reducen en volumen en relación a las de bibliotecas de siglos pasados. Los usuarios empiezan a consultar los documentos desde las mesas. Pueden escoger el material deseado sin necesidad de solicitarlo. Se crean salas conjuntas para disfrute de toda la población, hombres, mujeres, niños, en las bibliotecas de mayor tamaño. La funcionalidad de las instalaciones transmite sentimientos de familiaridad y acogida. Las bibliotecas ofrecían una libertad desconocida hasta el momento.

• Tony Garnier

Cabe destacar el proyecto de Ciudad Industrial, en 1904 del arquitecto francés Tony Garnier, el cual incluyó una biblioteca. La construcción destaca por su urbanismo, porque relaciona fundamentos técnicos, sociológicos y estéticos. Podían distinguirse bien dos partes dentro del edificio, una dedicada a sala de lectura y la otra a los depósitos. La sala de lectura era de gran tamaño y los depósitos la rodeaban ordenados según las diferentes materias.

• Alvar Aalto

En un principio se pensó en construirla en la calle principal de la ciudad pero finalmente fue ubicada en un parque público, lo que permitió abrir el edificio a la luz por todas partes e instalar un sistema de ventilación de aire exterior, que demostraba la preocupación de Aalto por las cuestiones técnicas. El exterior del edificio es de color blanco que contrasta con el verde del parque. La biblioteca está formada por varios niveles con entradas en cada uno de ellos. De este modo los depósitos, la sala infantil, la sala de conferencias, la sala de lectura y la de referencia, poseen su propia entrada. Los trabajos de Alvar Aalto (1898-1976), se encuadran dentro del movimiento moderno de la arquitectura. Sus obras destacan por su funcionalidad y sus espacios son concebidos para los usuarios. Centrado en la tarea bibliotecaria y conocido por su especialización en la funcionalidad, sus construcciones fueron novedosas y revolucionarias en su época por su distribución de los espacios que combinaba con el mobiliario, la decoración, las condiciones ambientales y su ubicación geográfica. La obra de Aalto se encuentra fundamentalmente en el interior de su país, Finlandia, aunque posee alcance internacional; destaca la Biblioteca de Viipuri (1935) que fue y continúa siendo un edificio insustituible, mítico.

Aalto estudió hasta el más mínimo detalle:

• La iluminación de las salas de lectura, tanto la artificial como la natural, a través de tragaluces perfectamente orientados fue dispuesta para no dañar el material bibliográfico y para que no incidiese en los usuarios.

• Aalto fue un magnifico diseñador de muebles que buscaba la comodidad de los usuarios. Incluso pensó en los que tenían alguna limitación física, facilitándoles la entrada y los servicios. Realizó piezas únicas para las salas de libre acceso, los depósitos, la entrada, el exterior del edificio.

• La acústica es tratada por este arquitecto con enorme delicadeza. El techo de la sala de conferencias de la biblioteca, está concebido para mejorar la audición.

Recomendaciones para la edificación y adecuación de edificios Las nuevas concepciones sobre edificios para bibliotecas han obligado al planteamiento de una serie de principios básicos sobre los que se debe asentar la construcción de un edificio. Destacan las pautas de la IFLA y el decálogo de Harry Faulkner-Brown. La IFLA dedica una sección a edificios y equipamiento. Sus recomendaciones se basan en incrementar el conocimiento de este tema entre bibliotecarios y personal de las bibliotecas, y estimular sus relaciones y experiencias con los arquitectos. La IFLA redactó unas pautas dirigidas a la construcción del edificio orientada a la nueva sociedad de la información. Dichas pautas deben ser conocidas por los arquitectos, diseñadores y por el propio personal de la biblioteca.

• El uso de la madera es generalizado dentro de la biblioteca. Aalto estudió cada espacio y lo dotó de características únicas. Creó un mobiliario específico para bibliotecas. La construcción inicial de Alvar, de 1934, se adecuaba ya a las necesidades futuras. La biblioteca mantuvo su servicio sólo durante quince meses, debido al inicio de la guerra entre Rusia y Finlandia, y posteriormente la Segunda Guerra Mundial, cuando el edificio resultó dañado. Las diversas reconstrucciones la han distanciado de la funcionalidad que expresaba Alvar Aalto, que buscaba espacios cómodos adecuados a los usuarios. Fue el primer arquitecto-diseñador de bibliotecas que construyó y expuso sus conocimientos para y por las bibliotecas. Creó un sistema bibliotecario abierto, donde los ciudadanos pudieran libremente consultar los libros. Acertó con las necesidades humanas de luz, de silencio, de temperatura.

Las tendencias de la sección giran en torno a la construcción de edificios inteligentes, los cuales deben proporcionar un ambiente de trabajo productivo y eficiente a través de la optimización de sus cuatro elementos básicos: estructura, sistemas, servicios y administración, con sus interrelaciones.

• El arquitecto británico Harry Faulkner-Brown propuso un decálogo para los edificios bibliotecarios, estableciendo una serie de condiciones que deben cumplir, tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo. Los diez principios cualitativos básicos para la construcción de bibliotecas fueron presentados en 1973 y revisados en 1980 y son los siguientes:

¨Flexible ¨Organizado

¨Compacto ¨Accesible

¨Ampliable ¨Variado

¨Confortable ¨Constante

¨Seguro ¨Económico

En cuanto a criterios cuantitativos, defendió la idea de que las dimensiones del edificio deben definirse según su número de usuarios potenciales, la magnitud de su colección y el espacio requerido para el personal. Sus principios y teorías han sido elogiados y criticados por su imprecisión y falta de rigor. No cabe duda de que el decálogo es muy general y escasean las particularidades y especificaciones sobre las diferentes tipologías de bibliotecas. Su aplicación práctica requiere un estudio por parte de los responsables de las instalaciones, arquitectos, bibliotecarios y diseñadores.

Según Santi Romero “El análisis de los aspectos positivos comunes de la arquitectura bibliotecaria permite definir una lista de características genéricas que dan una idea clara y precisa de lo que han de ser sus edificios, ahora y en el futuro”. En los últimos 20 años se han realizado numerosos seminarios, conferencias y workshops de alcance internacional sobre edificios, instalaciones y equipamiento bibliotecario, adecuación de los servicios al espacio, nuevas tecnologías aplicadas a las bibliotecas para dar lugar a edificios inteligentes llegando a la conclusión de que es necesario:

• Construir edificios de bibliotecas públicas sostenibles, que satisfagan las necesidades cambiantes de los ciudadanos en el siglo XXI.

• Promover la cooperación internacional a la hora de encontrar soluciones para la construcción de bibliotecas.

• Apoyar la inclusión de los bibliotecarios y de sus conocimientos en la proyección y construcción de modernos edificios de bibliotecas públicas. Debe haber una plena relación entre bibliotecario y arquitecto.

• Realizar estudios de usuarios por medio de consultas y encuestas a los bibliotecarios y usuarios en el proceso de construcción de bibliotecas.

• Promocionar normativas internacionales (como las desarrolladas por IFLA y otras organizaciones profesionales).

• Estimular la compatibilidad y el trabajo en red para facilitar servicios e intercambios internacionales.

• Crear oportunidades para que los arquitectos y diseñadores incluyan las bibliotecas en sus estudios, educación y desarrollo profesional a nivel internacional.


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