9 oct. 2009

LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

No debe de cabernos la menor duda que la sociedad de la información, lo mismo que sus antecesoras, no es sólo una cuestión tecnológica, sino también política, cultural, ideológica y económica, teniendo repercusiones directas en el mundo laboral con la aparición de nuevos sectores ocupacionales, la potenciación de nuevas profesiones, la desaparición y transformación de otras, y lo que puede ser más significativo, la posibilidad que el sujeto desarrolle a lo largo de su vida activa diferentes empleos (González, 1996). Y bajo esta perspectiva la información se va a convertir en valor absoluto, y al respecto ya en otro trabajo (Cabero y Barroso, 1996) aludíamos a un informe de la OCEDE de 1992 donde llamaban la atención respecto a que en las sociedades post-industriales el 60% de los trabajadores estarían directa o indirectamente ocupados con profesiones relacionadas con la información, algunas de las cuales estarán claramente relacionadas con actividades de manipulación y servicio.
No sólo se van a desarrollar un nuevo conjunto de ocupaciones, como por ejemplo analistas de
sistemas, programadores o ingenieros informáticos, sino que también las ocupaciones tradicionales se van a ver modificadas, potenciándose nuevas modalidades laborales como consecuencia de la utilización de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, como es el caso del teletrabajo. Actividad que de acuerdo con Giralt (1995, 4) podíamos definirla como: "… la realización de trabajo (o sea, una actividad remunerada para terceros) utilizando como herramientas la informática y las telecomunicaciones y sin presencia fija (al menos permanentemente) en la sede de la empresa base o del destinatario del trabajo (delocalización)".
Modalidad laboral que como se apunta, permitirá la racionalización de los recursos laborales y los ahorros económicos que ello puede conllevar, la flexibilidad temporal-laboral para el trabajador, el evitar desplazamientos innecesarios, y el acercamiento de las mujeres y las personas con minusvalías físicas al mundo laboral. Si bien, también debemos de ser conscientes de una serie de limitaciones para los teletrabajadores
derivadas directamente del aislamiento profesional en el cual se pueden ver inmersos y las consecuencias que ello puede tener en su desprotección social, sin olvidarnos de los costos que ello puede conllevar para el trabajador.
Estas influencias no se limitan exclusivamente a la implantación de nuevas modalidades ocupacionales sino también al desarrollo progresivo de un trabajo cada vez más abstracto, donde se manejará cada vez menos físicamente el objeto y el trabajador se encontrará más aislado de los
circuitos y cadenas de producción.
La desaparición y modificación de determinadas profesiones va a tener como consecuencia directa un aumento en la movilidad del trabajador, tanto en el número de ocupaciones como en períodos de
empleo-desempleo. Indirecta o directamente esta situación va a llevar al trabajador a tener que reciclarse para adaptarse a las nuevas situaciones laborales que se le presenten, ya que el ritmo de la sociedad futura será tan trepidante que la formación inicial recibida pronto quedará obsoleta para desenvolverse en los nuevos entramados sociales. Ello nos puede llevar a pensar que el aprendizaje a lo largo de la vida se convertirá en una de las características definitorias del sistema.
En este nuevo entramado social la infraestructura tecnológica, será de máxima significación, de manera que los países se diferenciaran por el nivel de tecnología que son capaces de diseñar, producir y consumir. Y desde esta perspectiva puede que las sociedades que a medio, por no decir corto plazo, no incorporen en sus diferentes sectores los instrumentos a los cuales nos estamos refiriendo, se verán marginadas respecto al resto y posiblemente se encuentren en un nivel de separación, como no había ocurrido anteriormente entre los países que se desenvolvían en una sociedad agrícola e industrial, y en consecuencia puede que las nuevas tecnologías más que unir a los pueblos lleguen a separarlos y las diferencias que en la actualidad se está dando entre los países desarrollados y en vías de desarrollo, en vez de reducirse se afiancen, y se hagan con el
tiempo más amplias e insalvables.
Los últimos comentarios realizados pueden llegar a ser más preocupantes si, además, tenemos en cuenta que el tiempo de desarrollo y
evolución de esta nueva sociedad resultante de la utilización de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, es más corto que sus predecesoras, como indica Terceiro (1996, 29): "La humanidad ha venido midiendo su progreso históricamente, en términos de tecnología, con el resultado de que cada era ha sobrepasado más rápidamente que las anteriores. La edad de piedra duró millones de años, pero la siguiente, la del metal, sólo cinco mil años. La revolución industrial (de primeros del siglo XVIII a últimos del siglo XIX), doscientos años. La era eléctrica (de comienzos de siglo a la II Guerra Mundial), cuarenta años. La era electrónica duró veinticinco años y la era de la información ya tiene veinte, evolucionando rápidamente desde lo que podríamos llamar Infolítico Inferior al Infolítico Superior o Información hipermedia".
La
automatización, es decir, la realización de actividades sin la intervención directa del hombre se está convirtiendo en una de las características más significativas de las máquinas, herramientas e instrumentos técnicos del siglo que viene. Los nuevos instrumentos tecnológicos cada vez se dotan de más recursos que permiten por sí mismos la ejecución de ciertas tareas, acciones y movimientos; desde la simple grabación de un programa de televisión a una hora determinada, hasta el mantenimiento de una cadena de montaje. Los sistemas tecnológicos tienden a incorporar mecanismos de regulación, control y toma de decisiones.
Sin lugar a dudas una de las características básicas que define la sociedad del futuro es la interactividad, que puede ser entendida desde diversas perspectivas, entre las que podemos destacar dos: la no existencia de centros únicos generadores de información, sino más bien la dispersión entre ellos y su conexión para la obtención de los productos, y el facilitar el modificar el rol de receptor a emisor de mensajes. Por último indicar que la interactividad debemos de percibirla no sólo referida a los medios, sino también a los espacios, personas y
procesos.
Frente a la tranquilidad de los momentos históricos anteriores, la complejidad se convierte en una de las características de los momentos históricos venideros, entre otros motivos por la amplitud que se nos ha abierto y las destrezas necesarias que debemos tener para desenvolvernos en él. Ya no será suficiente con los conocimientos básicos de
lectura y escritura, sino que se requerirán nuevas habilidades para la interacción tanto "con" las tecnologías, como "por" las mismas; es decir, tanto para utilizarlas como para realizar diferentes actividades a través de ellas. El Informe Delors (Delors, 1996) hablaba de que tres son los pilares básicos de la educación del futuro: "aprender a conocer", "aprender a hacer" y "aprender a ser".
La
dinámica del cambio en la cual tendemos a desenvolvernos nos lleva a asumir como hipótesis de trabajo la inmediatez de los productos y los resultados; de manera que ya no es suficiente con realizar productos de más calidad que los competidores, sino, además, hacerlo en menos tiempo y con costo más bajo, y ser capaces de situarlos en los circuitos de distribución. Ello obligará a las empresas y organizaciones laborales a establecer nuevos modelos organizativos donde el tiempo adquiera valor económico en sí mismo. (Prieto y otros, 1997).
La última característica sobre la que queremos llamar la atención de la sociedad de la información o tecnológica, es la idea de la eficiencia y el progreso constante. Éste parece que adquiere valor y sentido en sí mismo, en una preocupante lucha por alcanzar las primeras posiciones, tanto sociales, productivas, como personales; situándose por encima de cualquier valor ético y social, en una lucha que nos lleva a comparar progreso tecnológico, con progreso social y
moral.
Compilado Por. Javier Mejía T.
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