27 de feb. de 2015

Colecciones fotográficas en las bibliotecas digitales: problemáticas


Las colecciones y fondos fotográficos se hayan dispersos en archivos, bibliotecas y centros de documentación de instituciones públicas y privadas. Su consideración de material especial por los profesionales de la archivística, la biblioteconomía y la documentación, los ha relegado a un segundo plano frente a los libros, los manuscritos y otros documentos textuales. La indefinición al respecto se mantuvo hasta finales del siglo pasado y solo con el cambio digital se desarrollaron los primeros proyectos para el tratamiento y difusión de la fotografía en las bibliotecas, al igual que en el resto de instituciones. Se abrían nuevas vías para el tratamiento y difusión de la fotografía en la web, e incluso parecía posible que los diversos tipos de documentos estuvieran en un mismo plano, independientemente del centro donde se conservaran. Sin embargo, las actuaciones no están siendo las esperadas y por tanto son cuestionables. Evidentemente ello se debe a problemáticas que deben ser estudiadas y contra las que cabe tomar medidas para superar la situación mantenida durante tanto tiempo. Las investigaciones sobre colecciones y fondos fotográficos abordan generalmente la tipología de los documentos y su gestión, pero siempre que previamente se hayan hecho visibles. La visibilidad es, por consiguiente, uno de los elementos clave, a nuestro juicio el punto de partida, de ahí el interés de proyectos como dfoto de la Universidad Politécnica de Valencia, o Infoco de la Facultad de Documentación de la Universidad Complutense, cuyo primer objetivo es sacar a la luz los originales conservados en instituciones públicas y privadas, y entre ellas las bibliotecas. Es asimismo importante la consideración de patrimonio, más allá del contenido de la imagen; es decir, por la valoración de su antigüedad, autoría o soporte. Solo las grandes instituciones públicas que cuentan con departamentos específicos para la conservación de la fotografía y materiales audiovisuales, prestan adecuada atención a estos fondos y colecciones. Es el caso de la Biblioteca Nacional de España o de la Biblioteca Nacional de Cataluña, cuyo trabajo es reconocido por los investigadores. No se trata solo de conocer los fondos sino de ponerlos a disposición de los usuarios, de forma que pueda accederse a cada documento. Es cierto que las actuaciones requieren de recursos humanos y técnicos, pero si durante tiempo la excusa ha sido la falta de recursos técnicos, ahora que se ha superado al disponer de programas informáticos y de profesionales formados, la fotografía debería estar mucho más visible y obviamente tratada para su presentación a los investigadores.
Objetivos y Metodología
Es objeto de este trabajo conocer las problemáticas relacionadas con las colecciones fotográficas en las bibliotecas digitales. El objetivo general es estudiar las características en cada biblioteca, con el fin de analizarlas para establecer los resultados de acuerdo a los temas comunes. La comparación entre cada unidad de gestión se considera fundamental para proponer actuaciones y responder a los problemas. Como objetivos específicos se contemplan los siguientes:
1.     Conocer los procedimientos para la localización de las colecciones en cada biblioteca.
2.     Comprobar la visibilidad y el sistema de acceso a través de la web a las colecciones fotográficas digitales.
3.     Comprobar la información sobre cada fondo y colección (volumen, temática, periodo que comprende, etc.)
4.     Conocer los métodos de búsqueda en cada caso.
5.     Comprobar qué tipo de datos se indica en la ficha Catalográfica de cada imagen.
6.     Posibilidades de captura e impresión.
7.     Conocer el tipo de interfaz y las bases de datos empleadas.
8.     Observar las políticas de gestión de los fondos fotográficos.
9.    Comparar los resultados obtenidos en cada biblioteca para advertir las carencias globales y plantear posibles soluciones.
La metodología seguida se basa en el análisis de los contenidos presentados en la web de cada biblioteca. En primer lugar se ha realizado la selección de siete bibliotecas atendiendo a su titularidad y dependencia, comprobando que existen colecciones fotográficas en las mismas. Se ha estudiado la tipología de los fondos y colecciones, y se ha comprobado la información ofrecida respecto a las mismas, valorando la documentación global y la referida a cada documento. Se ha elaborado un esquema con los temas de interés para su comprobación en cada caso: presentación de los fondos, bases de datos, sistemas de búsqueda, características técnicas, forma y tiempo de respuesta, servicios, modelos de reproducción de documentos, etc. Asimismo se ha diseñado un cuestionario para los centros que se adjunta como anexo y los resultados finales se presentan con una tabla comparativa para la obtención de resultados.
Planteamiento
Las bibliotecas digitales cuentan con colecciones fotográficas cuyo tratamiento y difusión es muy dispar. Para conocer los procesos de trabajo y los diferentes intereses de los centros en relación con estos materiales, se plantean en principio una serie de cuestiones que sirven de base para un posterior estudio en profundidad. Las cuestiones planteadas a las que se ha buscado respuesta son las siguientes:
1. Indicación en la web de los fondos y colecciones existentes
Se ha comprobado si en la página web de la biblioteca o en la de la institución de la que depende se indican los fondos que se conservan, detallando cada una de las colecciones o fondos para facilitar el acceso.
2. Información específica sobre los fondos y colecciones 
Se ha comprobado si se incluye información de cada fondo y colección, detallando sus contenidos en cantidad y temática; tratando otros aspectos generales de interés como la calidad, técnicas, etcétera.
3. Presentación de los fondos y colecciones 
Se ha comprobado si se detalla la presentación de fondos y colecciones: entrada específica, campos de contenidos, ilustraciones complementarias, informaciones añadidas, etcétera.
4. Sistema de búsqueda Método de búsqueda. 
Indicación de cada modelo (sencillo, avanzado, mixto, etcétera).
5. Método de consulta Se pretende conocer si son visibles todas las imágenes que se indican en la web, así como la interfaz y bases de datos empleadas.
6. Respuestas a la búsqueda 
Se indica si esta es inmediata y si hay ruido. Se valora si la respuesta es un documento o un conjunto de documentos, y la cantidad de información aportada.
7. Documentación de los originales 
Se valora en este caso si las fotografías están documentadas, si la información que contienen es completa o parcial, y el tipo de datos que se ofrecen.

Tomado del capítulo tres del libro, El contenido y el soporte en los documentos en el ambiente digital, de los autores, Juan Miguel Sánchez Vigil y  María Olivera Zaldua, de la  Universidad Complutense de Madrid.
http://infotec.com.mx/work/models/infotec/Resource/6160/1/images/El_contenido_y_el%20soporte_comch.pdf#page=36


11 de feb. de 2015

La biblioteca como motor de la inclusión social y digital de sus comunidades


Si bien los conceptos de brecha digital y alfabetización digital son por lo general de uso común, el término inclusión digitales es bastante novedoso. Inclusión digital es una categoría más amplia que integra a los otros dos. Es importante destacar que la “inclusión digital” se ha articulado específicamente para abordar las cuestiones de oportunidad de acceso igualitario al conocimiento y habilidades tecnológicas. En pocas palabras, la inclusión digital es un marco para evaluar y considerar la preparación de las comunidades para facilitar el acceso y la igualdad de oportunidades de los individuos en la era digital. La ubicuidad de Internet plantea retos y oportunidades para las comunidades y las personas por igual. Estos retos y oportunidades, sin embargo, no se distribuyen uniformemente entre todos los miembros de la sociedad. La tecnología digital ha abierto nuevos espacios privilegiados para unos y excluyentes para otros, dejando algunas poblaciones aisladas del vasto reino digital. Incluso el acceso equitativo, ya no es suficiente, ya que cada vez con más frecuencia la vida digital requiere que los usuarios sean mejores usuarios. Además ahora en el entorno de la web 2.0, los usuarios no son – ni deben ser- consumidores pasivos de información, son fundamentalmente creadores de contenido que comparten contenidos con otos. Por lo que el acceso equitativo y la participación proactiva en el entorno en línea es esencial para la vida contemporánea. Sin embargo, comunidades e individuos se encuentran en diferentes niveles de preparación en su capacidad para acceder y utilizar Internet y una amplia gama de tecnologías y contenido digital. Además el costo de la exclusión digital es grande, ya que sin acceso, la plena participación de los individuos en los distintos logros sociales como el éxito económico, el logro educativo y el compromiso cívico se ven altamente comprometidos.

“Las bibliotecas deben ser el corazón de la construcción de comunidades digitalmente inclusivas, capaces de conectar la biblioteca a su comunidad”

La inclusión digital es la capacidad de los individuos y grupos para acceder y utilizar las tecnologías de información y comunicación. Inclusión digital implica no sólo el acceso a la Internet, sino también la disponibilidad de hardware y software; contenidos y servicios pertinentes; y la capacitación para la alfabetización digital requerida para el uso efectivo de las tecnologías de información y comunicación. Cada vez son más las personas sin acceso a un ordenador en casa que están recurriendo a las bibliotecas como un conducto para acceder a Internet. Por ello nuestras bibliotecas deben ser el corazón de la construcción de comunidades digitalmente inclusivas, para conectar la biblioteca a su comunidad, y considerar como los servicios bibliotecarios que apoyan la inclusión social son un apoyo para mejorar la capacidad laboral y paliar el desempleo, a través de iniciativas de alfabetización digital de la biblioteca, y la aportación de espacios para otros colectivos de la comunidad. Esto coloca a las bibliotecas en un contexto comunitario que hará que sea más fácil identificar las brechas y demostrar los impactos de nuestros servicios y recursos tecnológicos. Los servicios bibliotecarios que apoyan la inclusión social son un apoyo para mejorar la capacidad laboral y paliar el desempleo, a través de iniciativas de alfabetización digital de la biblioteca, y la aportación de espacios para otros colectivos de la comunidad

Articulo completo en la página de Universo Abierto:
Ver infografía:
http://ebookfriendly.com/libraries-digital-inclusion-infographic/public-libraries-lead-the-way-to-digital-literacy-infographic/

15 de ene. de 2015

Creación y sostenimiento de las bibliotecas escolares: algunas reflexiones sobre los orígenes y desafíos de las políticas públicas en Hispanoamérica


El concepto de biblioteca escolar, esto es, un centro de recursos bibliográficos gestionado por un especialista, que ocupa un espacio propio dentro del edificio de la escuela y cuyo objetivo es nutrir al alumno en su proceso de aprendizaje, surgió a la par del concepto de “escuela moderna” a fines del siglo XIX y principios del XX.
En contraste con la pedagogía tradicional, que acentuaba la memorización de lecciones, pedagogos como el belga Ovidio Decroly, el francés Cèlestin Freinet o los estadounidenses William H. Kilpatrick y John Dewey, entre varios otros, concibieron a la escuela moderna como la institución responsable de desarrollar en los jóvenes habilidades para la solución de problemas y el pensamiento crítico (Bonilla, 2008). Esta manera de entender la educación le dio un papel activo al alumno. Lo hizo sujeto de su aprendizaje. Estas ideas favorecieron la democratización del conocimiento, la ampliación de las oportunidades de escolarización a todos los niños y jóvenes, sin distinción de clase o género, y apostaron por la educación como palanca para el desarrollo de las naciones. La pedagogía de la escuela moderna (que incluye entre sus supuestos a la biblioteca escolar) se gestó a la par de la construcción de los Estados nacionales y de los movimientos sociales que buscaban construir sociedades más igualitarias. Si bien, por lo general, las políticas públicas no se distinguen por la rápida asimilación de la teoría educativa a sus acciones, en esta ocasión las nociones acerca de la escuela moderna encontraron terreno fértil en las políticas públicas de varios países que estaban en el proceso de construir un sistema educativo de cobertura universal. En particular, las ideas referidas a la existencia de bibliotecas en las escuelas para promover el verdadero aprendizaje, que propusieron los ideólogos de la escuela moderna, hallaron eco en algunos políticos y funcionarios públicos comprometidos con la tarea de construir un sistema de educación pública en su país. En América Latina y más tarde en España, estas ideas dejaron huella en la política educativa. Destacan entre otros, en la segunda mitad del siglo xix, Jules Ferry en Francia, Domingo Faustino Sarmiento y Juana Manso, en Argentina; y, a principios del siglo xx, José Vasconcelos en México y, casi 40 años después, Jaime Torres Bodet. Todos ellos desempeñaron los más altos cargos y desde esos puestos tuvieron la misión de diseñar la educación pública de su país. En esa capacidad promovieron con fuerza (es decir, con voluntad política e importantes recursos financieros) la creación de bibliotecas escolares.

Capitulo tomado del libro Lectura y bibliotecas Escolares, Elisa Bonilla, Fundación Santillana. Libro completo en: http://www.oei.es/metas2021/LECTURA.pdf